Mama Antula y ser nacional argentino

La Plata (Buenos Aires) (AICA): Con motivo de la beatificación de Mama Antula en Santiago del Estero, el arzobispo de La Plata destinó su habitual comentario en el programa televisivo de Canal 9, Claves para un Mundo Mejor, del último sábado, 27 de agosto, a reflexionar sobre el ser nacional argentino.
Con motivo de la beatificación de Mama Antula en Santiago del Estero, el arzobispo de La Plata destinó su habitual comentario en el programa televisivo de Canal 9, Claves para un Mundo Mejor, del último sábado, 27 de agosto, a reflexionar sobre el ser nacional argentino.

“Este fin de semana -comenzó diciendo el prelado platense- es muy importante para nosotros los argentinos, por el hecho de la beatificación de Mama Antula que fue una gran apóstol de los ejercicios espirituales y, a través de ellos, de la cristianización de nuestro país. Piensen que vino de Santiago del Estero a Buenos Aires [1.200 kilómetros] a pie: ¡qué hazaña! Además, cuando uno ve, en Buenos Aires, esa preciosa Casa de Ejercicios, ubicada en la avenida Independencia, esquina Salta, piensa en esa aventura espiritual extraordinaria”.

“A propósito de eso -agregó monseñor Aguer- yo estaba pensando en la relación de este hecho con el escaso eco que tuvo la celebración de nuestra independencia nacional. No sólo escaso eco sino que he leído algunas manifestaciones que me dejaron perplejo, porque si bien el entusiasmo patriótico no tiene que ser patriotero, o un alarde, tampoco se puede caer en una indiferencia total, como que son doscientos años y no me importa nada, se acabó el barullo; por suerte hubo desfile militar este año pero no pasa nada”.

Continuando con sus reflexiones, el arzobispo dijo que leyó algunas críticas acerca de lo que significa ser argentino. Pero “¿existe un ser nacional argentino? ¿Tenemos alguna identidad o no?, inquirió. “Yo pienso -se respondió- que aunque sea en los defectos tenemos alguna identidad. Todo el mundo habla de cómo somos y con qué fallas cargamos desde hace tiempo y demás; aun desde un punto de vista negativo. Pero existe una identidad argentina. Me parece algo evidente. Somos distintos de otros pueblos, raros para algunos pero somos distintos. Además, en esa identidad que se ha ido formando poco a poco, con la trasmisión de una tradición solidaria, de generación en generación, hemos recibido cosas de nuestro pasado histórico, se han añadido realidades nuevas sin duda, han mejorado algunos aspectos y otros han empeorado nuestro ser nacional, pero existe un ser nacional”.

“Me parece -recomendó- que tendríamos que pensar un poquito más en esto. No estoy hablando de ese entusiasmo arrebatado, sino del hecho de que uno pueda considerar con tranquilidad cómo somos, qué cosas son verdaderamente valiosas, qué cosas son defectuosas y que debiéramos corregir; por eso también pienso que tendríamos que evaluar, dentro de lo que es el ser nacional, el hecho del cristianismo, el hecho de la presencia católica. Por eso mencionaba a Mama Antula”.

En este contexto monseñor Aguer se pregunta si el pueblo argentino es católico o no, y responde: “Yo diría que es un pueblo mayoritariamente bautizado, un pueblo que no va a misa pero que todavía bautiza a sus niños y eso es un valor muy grande. Somos un pueblo que quiere a la Virgen de Luján, que quiere a la Virgen. Tal vez nuestra gente sencilla no está bien formada, pero eso es culpa nuestra después de todo, culpa de los pastores, de la organización de la Iglesia y de una evangelización defectuosa, pero es gente que ama a Dios y a la Virgen y a los santos. Esas devociones son hechos valiosos que debemos asumir como parte de nuestra identidad y no hay que despreciarlas como si fuéramos unos soberbios ilustrados que las sabemos todas y vamos a construir la Argentina del mañana sobre no se sabe qué”.

“Me parece -continuó con su reflexión el prelado- que el Bicentenario debía haber hecho pensar más en eso. Sin embargo no he notado que se haya reflexionado sobre estos puntos, pero sí he leído críticas con las cuales no estoy de acuerdo, porque me parece que no todo es criticable en nuestra historia nacional, porque hubo tiempos mejores y tiempos peores, y porque además de nuestras fallas crónicas, debemos sumar los valores con los cuales contamos y, entre ellos, yo quiero destacar que somos un pueblo que cree mayoritariamente en Dios”.

En el último tramo de sus reflexiones, monseñor Aguer expresó: “Podríamos hilar más fino y ver en qué medida nuestro pueblo conserva el sentido común que hace notar que muchos disparates jurídicos, que muchas de las leyes que se han aprobado en los últimos tiempos, son efectivamente eso: disparates. Aun cuando tengamos que tolerar sus consecuencias o tengamos que encogernos de hombros y decir ‘que le vamos a hacer’. Pero los argentinos somos argentinos y debemos ser cada vez mejores y el Bicentenario debiera habernos recordado que hubo gente en nuestra historia, sobre todo los Padres que nos dieron la Independencia, que son gente digna de ser imitada”.+

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