En la mañana del sábado 24 de marzo, culminó la reunión presinodal con la aprobación del documento con las propuestas que los jóvenes presentan a la Iglesia de cara al próximo Sínodo de los Obispos y que fue entregado al papa Francisco el domingo 25 de marzo, tras la celebración de la misa del Domingo de Ramos.

La presentación fue presidida por el cardenal Lorenzo Baldisseri, actual secretario general del Sínodo de los Obispos, acompañado por un grupo de jóvenes en representación de las distintas comisiones de grupos lingüísticos que integraron los trabajos presinodales, incluida la comisión de los “moderadores online”, que trabajaron gestionando las aportaciones recibidas a través de las Redes Sociales.

Este documento es un resumen de los aportes de todos los participantes, basado en el trabajo de 20 grupos lingüísticos y en la participación de 15,000 jóvenes conectados online a través de grupos de Facebook. Se trata de una de las fuentes, entre otras, que conformarán el Instrumentum Laboris, que contribuirá al trabajo del Sínodo de Obispos de 2018 y con el cual se espera que la Iglesia y otras instituciones puedan aprender de este proceso presinodal y “escuchar la voz de los jóvenes”.

Los otros aportes provendrán, sobre todo, de los resúmenes enviados a las conferencias episcopales y a los sínodos de las Iglesias Católicas Orientales, “resúmenes que también son el fruto de una escucha a todos los ámbitos de las diócesis del mundo”.

A estos resúmenes se sumarán los resultados del cuestionario on-line propuesto a los jóvenes y las intervenciones del seminario internacional sobre situaciones juveniles, organizado por la Secretaría General del Sínodo en el mes de septiembre de 2017; sin olvidar las observaciones libremente enviadas por personas individuales y grupos de todos los lugares del planeta.

El cardenal Baldisseri explicó que “el documento, redactado a lo largo de esta semana, se articula en tres partes precedidas de una introducción”.

“En la primera parte se habla de los desafíos y de las oportunidades de los jóvenes en el mundo de hoy. En la segunda se trata de la fe y de la vocación, del discernimiento y del acompañamiento de los jóvenes. En la tercera parte se analiza la actividad formativa y pastoral de la Iglesia”.

A continuación, señaló “algunas ideas centrales y palabras clave que podrían ayudarnos a comprender los contenidos”.

Indicó que “los jóvenes, que hablan en primera persona del plural, se definen como la Iglesia joven: existe una Iglesia de los jóvenes que no está enfrentada u opuesta a una Iglesia de los adultos, sino dentro de la Iglesia, como la levadura en la masa, por usar una imagen evangélica”.

“Del texto aflora un gran deseo de transparencia y de credibilidad por parte de los miembros de la Iglesia, en particular de los pastores: los jóvenes esperan una Iglesia que sepa reconocer con humildad los errores del pasado y del presente, y esforzarse con valentía para vivir aquello que profesa”.

Al mismo tiempo, “los jóvenes buscan educadores de rostro humano, dispuestos, si es necesario, a reconocerse en su fragilidad. Otras categorías fundamentales del documento son las vocaciones, el discernimiento y el acompañamiento. Los jóvenes sufren hoy por la falta de verdaderos acompañantes que les ayuden a encontrar su camino en la vida, y piden a la Comunidad cristiana que se haga cargo de su necesidad de guías autorizados”.

En definitiva, “los jóvenes reclaman una Iglesia extrovertida, dispuesta a dialogar sin recelos con la modernidad que avanza, en particular con el mundo de las nuevas tecnologías”.

Además de pedir una Iglesia auténtica enraizada en el Evangelio, los jóvenes afirmaron en el documento que “la Iglesia necesita apoyar a las familias y su formación. Esto es particularmente relevante en algunos países donde no hay libertad de expresión, y se les impide participar en la Iglesia, teniendo que ser formados en la fe por sus padres en el hogar”.

También “necesitamos una Iglesia acogedora y misericordiosa, que aprecie sus raíces y patrimonio y que ame a todos, incluso a aquellos que no siguen los estándares. Muchos de los que buscan una vida en paz acaban entregándose a filosofías o experiencias alternativas”, lamentaron.

“Buscamos una Iglesia que nos ayude a encontrar nuestra vocación en todos sus sentidos. Tristemente, no todos nosotros creemos que la santidad sea algo alcanzable ni un camino a la felicidad. Necesitamos revitalizar el sentido de comunidad que nos lleva al sentido de pertenencia”.

Compartieron que “algunas situaciones concretas hacen difícil nuestra vida. Muchos jóvenes han experimentado grandes traumas de diversas formas. Muchos sufren todavía el peso de enfermedades físicas y mentales. La Iglesia necesita apoyarnos más y proveer vías que ayuden en nuestra sanación”.

Sobre el tema concreto de la tecnología, presentaron dos propuestas: “Primero, al involucrar a los jóvenes en un diálogo, la Iglesia debe profundizar en su comprensión de la tecnología para asistirnos en el discernimiento sobre su uso”.

Además, “la Iglesia debe ver la tecnología –particularmente el internet—como un lugar fecundo para la Nueva Evangelización. Los resultados de estas reflexiones deberían ser formalizados por medio de un documento oficial de la Iglesia”.

Asimismo, “la Iglesia debería expresarse sobre la crisis ampliamente extendida de la pornografía, que incluye el abuso de niños online, como también el ciber-bullying y el daño que éstos causa en nuestra humanidad”.

En muchas ocasiones, “los jóvenes tienen dificultad para encontrar un espacio en la Iglesia en el que puedan participar y ser protagonistas. Hay una necesidad de confiar en que los jóvenes pueden ser protagonistas de su propio camino espiritual. Esto no se refiere sólo a imitar a los mayores, sino a tomar realmente ‘las riendas’ (ownership) de su misión y responsabilidad en la vida, de la mejor manera”.

Sobre la vocación, el documento subraya que “el término vocación no es muy claro para muchos jóvenes, de ahí que sea necesario una mayor comprensión de la vocación cristiana (sacerdocio, vida religiosa, laicado, matrimonio y familia, rol en la sociedad, etc.) y el llamado universal a la santidad”.

“Los jóvenes están buscando a hombres y mujeres fieles que los puedan acompañar en su caminar y que expresen la verdad, dejando al joven la capacidad de articular la comprensión de su fe y de su vocación”.

En este sentido, también pidieron una mayor participación en la Iglesia, ser involucrados “en sus procesos de toma de decisiones y ofrecerles mayores roles de liderazgo. Éstas posiciones necesitan ser a todos los niveles: parroquias, diócesis, a nivel nacional e internacional, inclusive una comisión ante el Vaticano”.

Por último, en el documento se señala que “la Iglesia debería buscar nuevas y creativas formas de salir al encuentro de las personas ahí donde se encuentran más cómodas y donde naturalmente socializan: en los bares, cafeterías, parques, gimnasios, estadios y en todos los centros culturales y populares”.

Texto completo del documento

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