San Juan (AICA): “Mientras algunos ganan el pan con sudor y sacrificio, y otros hasta lo buscan en la basura, una pequeña parte de la humanidad despilfarra obscenamente”, advirtió el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, y aseveró: “Me avergüenza esta injusticia flagrante e impune. ¡Cuánto desprecio por los pobres!”.
“El trabajo es articulador de la cuestión social y es connatural a la dignidad de la persona humana. Los hombres y mujeres trabajadores con su tarea cotidiana sostienen a sus familias, contribuyen a consolidar la democracia y colaboran con el bien común de la Nación”, recordó monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo.

En su columna semanal, el prelado consideró que “en el mundo (y en nuestro país) se da una especie de contradicción: a medida que crece la producción de riquezas éstas se concentran cada vez en menos bolsillos, y simultáneamente crecen la desocupación y las actividades laborales precarias”.

“También se afianzan en el mundo otras formas de esclavitud y opresión como la trata de personas para la explotación sexual o laboral, y en algunas regiones el mal llamado ‘trabajo infantil’”, agregó.

El arzobispo sanjuanino dijo que “en estos tiempos me ha tocado recibir a gente angustiada por el cierre de pequeñas o medianas empresas a causa del aumento de los costos que se hacen imposibles de afrontar”.

“El trabajo no registrado llega a cerca del 30% de trabajadores y no cuentan con acceso a la seguridad social, no tienen gremios que les protejan orgánicamente, ni les ayuden a pactar aumentos que les permitan acceder a salarios dignos”, estimó, añadió: “Por otro lado, las mujeres suelen tener un salario entre un 20 y 30% menor que los varones por la misma actividad”.

Tras pedir poner la mirada “en los extranjeros que suelen ser contratados para las tareas más duras y menos rentadas”, alertó: El color de la piel, el lugar de nacimiento es causa de marginación y exclusión, también en la Argentina que hace un siglo les recibió con mayor generosidad”.

“Si a esto le sumamos el avance de la tecnología que reemplaza con una máquina el trabajo de 5 o 10 personas, el panorama es sombrío”, añadió.

Asimismo, consideró que “el actual sistema económico necesita del descarte de objetos (papel, nylon, plásticos, metales… haciendo creciente la cantidad de basura no degradable) y también de personas (que son tratadas muchas veces como objetos en desuso)”, y lamentó que “en algunos países se dedica mensualmente al cuidado de una mascota más del triple de dinero de lo que se destina a la alimentación de un niño en otro lugar del planeta”.

“Por eso -indicó- Francisco levanta su voz a toda la humanidad, creyentes o no, para que cese esta carrera de acumulación y exclusión. Ya lo señalamos los obispos de América Latina en 2007: Los excluidos no son solamente ‘explotados’ sino ‘sobrantes’ y ‘desechables’”.

“Ante la expulsión de muchos trabajadores de los empleos formales, han surgido otras formas de economía popular: asociaciones de artesanos, cooperativas de diversos oficios (pescadores, ladrilleros, recicladores…), fábricas recuperadas, ferias de productos orgánicos de huertas familiares”, destacó.

Monseñor Lozano aseguró que “hace falta mirarnos como hermanos y poner en práctica de verdad la igualdad de oportunidades” y aseveró: “Mientras algunos ganan el pan con sudor y sacrificio, y otros hasta lo buscan en la basura, una pequeña parte de la humanidad despilfarra obscenamente”.

“Me avergüenza esta injusticia flagrante e impune. ¡Cuánto desprecio por los pobres!”, concluyó.+

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