“¿Estamos muy atados a los criterios del mundo?”, nos pregunta monseñor Mestre

Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA): El domingo 13 de mayo se celebró la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Monseñor Gabriel Mestre, obispo de Mar del Plata, nos invita a mirar nuestra vida no desde una perspectiva mundana, sino como una “revolución espiritual que tiene como signo distintivo el amor”.
En el domingo de la Ascensión del Señor, monseñor Gabriel Mestre, obispo de Mar del Plata, reflexionó sobre el Evangelio de Marcos. A la luz del misterio de la vida de Jesús, propuso tres puntos de meditación sintetizados en tres palabras de la Escritura: “restaurar”, “mirando” y “vayan”.

“...¿es ahora cuando vas a ‘restaurar’ el reino de Israel?...” (Hch 1,6)
La palabra “restauración” los discípulos la interpretan hacia el plano político de Israel: “A pesar de la fuerza de la resurrección, todavía están pensando con las categorías del mundo”. La perspectiva de la vida eterna es aún desconocida: “Todavía no entendieron que el reino de Jesús no es de este mundo”. Y se refiere monseñor Mestre a una “revolución, pero una revolución espiritual que tiene como signo distintivo el amor”. Los discípulos “están con un pensamiento en clave intramundana.”

“...¿por qué siguen ‘mirando’ al cielo?...” (Hch 1,11)
Sobre este punto, monseñor Mestre recordó que: “Los discípulos que se quedan mirando al cielo de forma estupefacta sin comprometerse con las realidades de la tierra y de la historia que les toca vivir”, actitud contraria a la del punto anterior. Y resaltó la importancia de “comprometernos con las realidades de esta tierra”, y al mismo tiempo “equilibrar ‘cielo y tierra’; oración y compromiso; vida espiritual y tareas apostólicas”.

“’Vayan’ por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia...” (Mc 16,15)
De modo imperativo, Jesús anunció: “¡Vayan!”. Aquí el prelado, a través de una serie de interrogantes, citó al papa Francisco: “¿A dónde vamos? ¿A dónde se nos envía? a todas las periferias geográficas y existenciales. ¿A qué vamos? A anunciar la Buena Noticia, la alegría y la misericordia”, exhortó. Y concluyó: “Él ha muerto y resucitado por todos y cada uno de nosotros, nos salva, nos perdona y nos da vida nueva”.+

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