Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) (AICA): El obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, monseñor Hugo Barbaro, envió un mensaje a sacerdotes, fieles y al pueblo en general de la diócesis, refiriéndose al debate sobre el aborto. “No queremos imponer nada a nadie, pero no queremos vivir en un país con leyes inhumanas que justifiquen ni siquiera en algunos casos la destrucción de una vida”, manifestó.
En un mensaje dirigido a la comunidad diocesana, el obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, monseñor Hugo Barbaro, se pronunció acerca del debate sobre el aborto. “Es muy penoso que los seres humanos discutamos sobre la posibilidad de destruir una vida humana”, señaló.

El prelado aclaró que no es su intención entrar en razones o argumentos sobre el valor de la vida desde la concepción, sino que su deseo “es invitar a todos a buscar el modo de formarse ideas sólidas sobre el tema para poder iluminar eficazmente a otras personas en una materia tan importante”, y añadió por supuesto su intención es, en primer lugar, “ani-marlos a rezar más por este asunto”.

“Cualquier mujer cuando se entera que está embarazada sabe que ya es madre, que es-pera un hijo, que lleva dentro un ser humano distinto a ella misma que debe custodiar hasta que sea viable fuera de su cuerpo”, afirmó monseñor Barbaro, y consideró que “esta convicción está presente en ella aunque su maternidad sea fruto de violencia, no desee ese embarazo o se le informe que está gestando un hijo enfermo”.

“Resultan pobres y forzados los argumentos de quienes procuran justificar la destrucción que supone todo aborto; otras posiciones son claramente arbitrarias como quienes justi-fican el aborto decidiendo en qué semana del embarazo llegaría a ser persona, como si antes ese embrión no fuera igualmente humano. Sería muy bueno que unidos buscáramos soluciones superadoras, acordes a la dignidad humana que exige el respeto absoluto a la vida, para ayudar a las mujeres en dificultad por su embarazo”, sostuvo.

El prelado advirtió que “al manifestar nuestra oposición al aborto no estamos defen-diendo un tema religioso, sino un asunto humano porque hace a la peculiaridad de nues-tra naturaleza”.

“No queremos imponer nada a nadie, pero no queremos vivir en un país con leyes in-humanas que justifiquen ni siquiera en algunos casos la destrucción de una vida, con las consecuencias negativas que acarrearían esas leyes en las personas y en la sociedad”, agregó.

Monseñor Barbaro recordó: “como seres humanos defendemos la vida, y como católicos debemos rezar más para que Dios Nuestro Señor ilumine al pueblo, y de modo particular a los legisladores y a todos los dirigentes para que no favorezcan ni aprueben leyes que solo contribuirán a un mayor sufrimiento de las mujeres y a una mayor degradación y corrupción de las costumbres”, y señaló que “las leyes tienen que ayudar a que las per-sonas y la sociedad se orienten hacia el bien y hagan verdaderamente sanos y felices a los individuos, no puede ser justa una ley inhumana”.

“Los invito a que en el mes de mayo en el que se celebran varias fiestas de la Santísima Virgen María, y en junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, se prevean en parroquias y capillas momentos de adoración al Santísimo Sa-cramento y el rezo del santo rosario pidiendo al Señor por intercesión de su Madre del Cielo por la defensa de la vida”, animó.

El prelado destacó una frase pronunciada por el papa Francisco el domingo 6 de mayo, antes de la oración que todos domingos dirige a la Santísima Virgen María: “La vida siempre debe ser protegida y amada desde la concepción hasta su ocaso natural”. En ese sentido, pidió a Nuestra Madre Santa María “que conceda a las mujeres que pa-san por una situación difícil como consecuencia de un embarazo, por más grande que sea la dificultad, dejen triunfar en sus corazones la alegría de la maternidad, la de ser portadoras de vida”.

Finalmente, advirtió que “nos corresponde a todos, familiares y no familiares, la respon-sabilidad de ayudar con humanidad, es decir con el cariño y la solidaridad que el caso merece, a las mujeres que sufren por un embarazo, cualquiera sea la causa de su angustia. Que no añadan a sus miedos y sufrimientos el de haber consentido la destrucción de una vida. Es innegable la herida profunda que un aborto deja en el corazón de toda mujer; nada la quita, solo les da paz la Misericordia Infinita de Dios que siempre perdona”.

“No podemos estar ausentes o distraídos. El momento nos empuja a asumir con más de-cisión nuestra responsabilidad como ciudadanos de trabajar por un país mejor, en este caso buscando que las leyes sean justas”, concluyó, pidiendo a Nuestra Señora de Luján, patrona de los argentinos, “que en un tema tan importante para el presente y el futuro de nuestra Patria, ilumine a todo el pueblo argentino, y de modo particular a quienes legislan y nos gobiernan”.+

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