Mons. Buenanueva: El encuentro con Jesús nos arranca de nuestras prisiones

San Francisco (Córdoba) (AICA): El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió en el periódico “La Voz de San Justo”, sus reflexiones sobre el Evangelio. En esta oportunidad, sus pensamientos se centraron en el pasaje que afirma “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía”.
En su tradicional columna en el periódico “La Voz de San Justo”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió sus reflexiones a la luz del Evangelio.

“Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía”, fue el pasaje que inspiró, en esta oportunidad, la meditación del prelado.

“Hoy vivo en el este de Córdoba, pero nací en el este de Mendoza. Una zona típicamente viñatera, no solo por los grandes viñedos sino también por la vida cotidiana: en cada casa un parralito, y en todo patio un horno de barro”, comenzó.

“El evangelio de este domingo me ha evocado algunos recuerdos de aquella infancia. Veo todavía a mi difunto papá, caldeando el horno con los sarmientos que se juntaban después de la poda y lo intenso del fuego alimentado con ellos. Y, ¿cómo no?, el sabor de las empanadas caseras”, recordó el obispo.

Al leer y releer el texto del Evangelio, reconoció, y con ayuda de estos recuerdos personales, “van creciendo en mí dos ideas, dos llamadas, dos invitaciones”.

Por empezar, destacó “la idea de que la poda nunca es mala”, porque “la vid necesita los cortes precisos de la poda para dar fruto en el momento justo. Como los necesita la vida, tanto o más que la vid. Poda que nos deja con cicatrices, pero también más libres y abiertos. Un poco magullados, pero no vacíos”, describió.

“La educación de nuestros chicos, por ejemplo, ¿no tiene mucho de poda? ¿No pagamos caro el no haber sabido decir un buen ‘no’ en el momento oportuno, ayudando a posponer la gratificación inmediata y abriendo la puerta a los logros que realmente enriquecen la vida?”, planteó.

El obispo consideró que “nosotros, que vivimos tan ensimismados en el agujero negro de nuestros deseos insatisfechos, necesitamos ser arrancados de esa prisión. Esa poda, normalmente, se da cuando nos dejamos tocar por la vida de los otros; cuando los dejamos que nos desposean y, así, nos hagan verdaderamente libres. La mejor poda es la del amor que sabe tanto cortar como dejar liberado el flujo de la vida”, afirmó.

“Pero también la imagen de los sarmientos agarrando calor y dando un fuego que caldea fuerte el horno, evoca la vida”, advirtió, y aclaró: “Ya sé que Jesús, en su mensaje, hablando de los sarmientos infecundos que son quemados, nos pone en guardia: ¡cuidado con contagiarnos esa sequedad que no sirve para nada! ¡Estamos llamados a ser fecundos!”, señaló.

“Pero, a mí me sale pensar que, incluso de los sarmientos secos, Dios puede arrancar el fuego del amor que purifica y da vida. De la poda, de los sarmientos secos y del horno caldeado salen ese prodigio que son las empanadas caseras”, añadió.

En realidad, el Evangelio de este domingo apunta a esta afirmación neurálgica de Jesús: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”, comentó.

Finalmente, aseguró que “es el encuentro con Jesús, su Pascua y su Evangelio lo que nos arranca de todas nuestras prisiones. Claro que no hay que ocultar que ese encuentro es verdaderamente una poda. No nos deja iguales. Suele sacudirnos hasta el fondo. Nos obliga a replantearnos todo, especialmente cómo estamos orientando nuestra vida. Es más: la hondura de la crisis a la que nos lleva Jesús es la mejor prueba de que ese encuentro ha sido verdadero. Ha sido la crisis que nos ha abierto la puerta de la salvación”, concluyó, recordando: “Jesús convence, decíamos domingos atrás. Hoy añadimos: convence y salva”.+

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