Mons. Buenanueva: La misión es transmitir de corazón a corazón lo que Dios obra en nosotros

San Francisco (Córdoba) (AICA): El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió sus reflexiones en el periódico “La Voz de San Justo”. Con el título “Echar leña al fuego”, consideró que “la misión no depende tanto de extravagantes métodos de comunicación, sino precisamente de ese transmitir, cara a cara, corazón a corazón, lo que Dios va obrando en nosotros”.
En su columna en el periódico “La Voz de San Justo”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó sobre la misión de los obispos.

Una de las “obligaciones” del obispo es la de las visitas pastorales, comentó al inicio de su reflexión. “Se trata de una presencia más prolongada del pastor en una comunidad parroquial u otros espacios pastorales. Su finalidad es animar la vida de fe y la pasión misionera de los cristianos”, señaló.

“El diálogo mano a mano con el Consejo parroquial de pastoral suele ser un momento clave y muy intenso de la visita: el obispo, el cura, los agentes de pastoral y toda la comunidad nos ponemos bajo la Palabra, para escuchar al verdadero Señor de la Iglesia, Cristo”, relató. “Tratamos de escuchar su voz en las voces de sus discípulos, pero también de los más alejados, de los pobres, de los que sufren, e incluso de los que desesperan en la vida”, añadió.

“Uno de los temas que suele salir en estos diálogos es la situación de quienes solicitan algún sacramento y asisten a la catequesis. ¿Lo hacen por convicción o por tradición? Cuesta que vengan a misa y, una vez que se celebra el sacramento, no aparecen más. El anuncio ¿ha calado hondo? ¿Ha tenido lugar un verdadero crecimiento en la fe?”, planteó el obispo.

“Es un desafío formidable. Pero también, una magnífica oportunidad que nos ofrece la Providencia en este tiempo: volver a lo esencial del Evangelio”, continuó.

En ese sentido, monseñor Buenanueva preguntó “¿Y de que se trata lo esencial? Precisamente de lo que nos hablan las lecturas de este sexto Domingo de Pascua: Dios nos amó primero y nos tendió la mano, enviándonos a su Hijo. Que, para Jesús, no somos siervos sino amigos. Y que ese amor de amistad que viene del corazón de Dios es el suelo firme sobre el que edificar nuestra vida. O, dicho en una sola palabra: Jesús. Él es lo esencial”, afirmó.

“Si no hay encuentro con Jesús vivo, de nada vale insistir en participar en la Misa. Anunciar a Jesucristo, colaborando con el Espíritu que despierta la fe en los corazones, es el principal desafío de una Iglesia ‘en salida’”, consideró.

“En estos encuentros, cuando la consideración de las dificultades de la evangelización se pone más espesa, me gusta hacer algunas preguntas que nos obligan a mirar las cosas desde otro ángulo: ‘Y nosotros, ¿por qué estamos aquí? ¿Por qué hacemos lo que hacemos en la parroquia? ¿Qué nos mueve en la vida cristiana? Y, en definitiva, ¿quién es realmente Jesús para mí?’, reflexionó.

Finalmente, reconoció que “se trata de que cada uno vuelva sobre su propia experiencia del amor primero de Dios, y logre expresarlo en palabras. El tono de la conversación suele cambiar. Los corazones se sienten tocados y, así, se logra una sintonía que nos permite contar la propia experiencia de Dios, de encuentro con Jesús, pero también la ardua lucha por vivir la fe en nuestro mundo de hoy”.

En realidad, aseguró, “la misión no depende tanto de extravagantes métodos de comunicación, sino precisamente de ese transmitir, cara a cara, corazón a corazón, lo que Dios va obrando en nosotros”.

“Si eso ocurre, yo, como obispo, me quedo satisfecho. He logrado ‘echar leña al fuego’ de esa hoguera siempre ardiendo que es la vida cristiana”, concluyó, admitiendo que en definitiva, es lo que le pasó a él como discípulo: “He conocido el amor de Dios en el rostro de Jesucristo”.+

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