Mons. Mestre: “La Santísima Trinidad nos asegura que el Hijo nos acompañará siempre”

Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA): En el domingo de la Santísima Trinidad, monseñor Gabriel Mestre, obispo de Mar del Plata, nos acerca su reflexión sobre el evangelio de San Mateo. “Más que nunca se pone ante nuestros ojos el desafío de ser una Iglesia diocesana profundamente trinitaria”, manifestó.
Monseñor Gabriel Mestre, obispo de Mar del Plata, en su homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad, llamó a la comunidad a reflexionar: “El Evangelio nos recuerda el envío de Jesús a todos los pueblos para bautizarlos ‘en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”’. De este modo, sugirió el prelado tres puntos de meditación sintetizados en tres palabras: “intimidad”, “seguridad” y “conducir”.

Llamar a Dios Abba: “intimidad” y cercanía
Se refirió monseñor Mestre a la denominación de Abba y recordó su origen arameo, que significa “papá”: “Es la expresión que usa el niño para referirse a su padre en la vida íntima de la familia. Por eso, poder llamar al Padre Dios Abba significa la profunda intimidad y cercanía que Dios nos ofrece”, manifestó. “Siendo criaturas, débiles y pecadoras, podemos llamar a Dios Abba. Dios Padre es intimidad y cercanía.

Yo estaré con ustedes todos los días: “seguridad” en la presencia
Aquí se detuvo en las palabras finales del Evangelio: “Son la confirmación absoluta de la presencia del Señor con sus discípulos. ¡Qué reconfortante es saber que Jesús está siempre con nosotros en todo momento de nuestra vida!”, anunció con entusiasmo. “En los momentos de luz y de tinieblas, en gracia y en pecado, en alegría y tristeza el Maestro está todos los días acompañándonos con la seguridad de su presencia que nunca falla”, continuó, “Celebrar la Santísima Trinidad nos invita a vivir esta alegría”

Dejarnos “conducir” por el Espíritu
En este punto, se centró el prelado en la segunda lectura: “Nos invita a dejarnos conducir por el Espíritu Santo”. “Estamos llamados a ser hombres y mujeres del Espíritu, del Espíritu de Dios que renueva la vida y toda la historia. El gran desafío será tener un corazón abierto y dispuesto para dejarnos conducir por el Espíritu”, concluyó.+

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