Mons. Buenanueva llamó a seguir lo pasos de Juan: "Humildad, verdad y valentía"

San Francisco (Córdoba) (AICA): El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó una vez más sobre el Evangelio. En una nueva entrega de su columna semanal en el periódico “La Voz de San Justo”, el prelado se refirió a Juan, “el precursor”.
En una nueva entrega de su columna semanal en el periódico “La Voz de San Justo”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó una vez más sobre el Evangelio.

Con el título “El camino de Juan”, el prelado tomó el ejemplo de quien identifica como “el precursor de Jesús”, título que prefiere al de “bautista”. A continuación, expuso las razones.

“Cuando, hace diez años, me preparaba para la ordenación episcopal, tomé los relatos evangélicos que hablan de Juan para unos días de retiro espiritual. Tengo incluso en mi habitación un pequeño ícono que lo representa junto a uno de María y otro de Cristo. De tanto en tanto lo miro y le pido la gracia de que siga acompañando mi vida de seguimiento de Jesús como pastor. También yo tengo que andar mucho, preparando caminos, antes que en lugares geográficos, en los corazones”, expresó el obispo.

Monseñor Buenanueva consideró además que “no sólo un obispo o un sacerdote, sino toda la Iglesia, a la hora de cumplir nuestra misión evangelizadora, nos parecemos mucho a Juan. O, al menos, deberíamos seguir sus pasos de ‘precursor’ de Jesús”.

“Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo. Ustedes mismos son testigos de que he dicho: «Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él». En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto. Es necesario que él crezca y que yo disminuya”, retomó el obispo las palabras de Juan, y reflexionó: “Una sabia mezcla de humildad, verdad y valentía”.

“Hay que aprender a decir, no sólo con elocuencia y convicción, sino, sobre todo, con el respaldo de una vida que realmente se ha dejado llevar por ese camino: ‘Yo no soy el Mesías… Sólo soy un enviado que va delante’”, señaló el prelado.

“¿Cuántos mesianismos tóxicos, también dentro de la Iglesia? ¿Cuántas propuestas salvadoras que, en definitiva, no son sino solo proyecciones de nuestros deseos de omnipotencia? ¿Cuánto miedo a la real libertad de las personas? ¿Cuánta desconfianza en lo que Dios hace, humilde y silencioso, en la historia y en la creación que, en definitiva, han salido de sus manos creadoras?”, planteó.

“ La Iglesia, y en ella especialmente quienes somos sus pastores, hemos de aprender, una y otra vez, el camino de Juan, el Precursor”, reconoció, en referencia a un “camino hecho de humildad y verdad, de arrojo y testimonio. Camino que es realmente tal, es decir: se hace caminando, transitándolo en toda su extensión y con todos sus recovecos, a veces apacibles y luminosos, otros, más bien oscuros e intimidantes: ‘Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo, tu vara y tu bastón me infunden confianza’”, recordó.

“De labios de Jesús, el Evangelio nos reporta el mejor elogio que Juan ha recibido: ‘Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y, sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él’”, concluyó, con palabras que “son una promesa y un aliciente para seguir caminando la fe”.+

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