Ciudad del Vaticano (AICA): El Santo Padre recibió hoy, sábado 9 de junio, en el Aula Pablo VI, a más 500 niños estudiantes de las escuelas de las periferias de Milán y Roma; como parte de la iniciativa ¨El tren de los niños¨, organizada por el Atrio de los Gentiles. ¨Nunca olviden a los primeros maestros, nunca olviden la escuela. Porque son las raíces de su cultura y no deben ser desarraigados, ya que tener raíces nos ayudará a dar flores y frutos¨, les dijo Francisco.
El Santo Padre recibió hoy, sábado 9 de junio, en el Aula Pablo VI, a más 500 niños estudiantes de las escuelas de las periferias de Milán y Roma; como parte de la iniciativa "El tren de los niños", organizada por el Atrio de los Gentiles. "Nunca olviden a los primeros maestros, nunca olviden la escuela. Porque son las raíces de su cultura y no deben ser desarraigados, ya que tener raíces nos ayudará a dar flores y frutos", les dijo Francisco.

Los niños con gorras rojas de la compañía Ferroviaria del Estado Italiano, Trenitalia, intercambiaron preguntas y respuestas con el pontífice, sobre la escuela, sus juegos o los barrios en los que viven. Además, le regalaron al Papa regalos hechos por ellos mismos.

Una de las niñas, Anna Greta, le preguntó si se acordaba de sus maestros. Francisco respondió que claro que se acordaba. “Mi maestra se llamaba Stella, era una maestra que tuve en el primer año y en el tercero, la misma maestra. En segundo y en cuarto tuve otra. Era muy buena maestra, nos enseñaba a escribir y a leer, muy buena”.

“Luego, cuando dejé la escuela, la he recordado siempre, porque acordarse de la primera maestra o del primer maestro es muy importante porque es lo que es el que primero te hace andar por la vida. Yo la llamaba por teléfono, tanto de pequeño como ya de sacerdote. Y luego, ya como obispo, la ayudé en su enfermedad. Murió con 94 años. Aquel recuerdo no lo olvidaré nunca”.

El Papa los animó a acordarse siempre de sus primero maestros: “No se olviden nunca de sus primeros maestros, no se olviden nunca de la escuela porque son las raíces de su cultura. La escuela, la maestra, siempre los ayudará a mantener las raíces”.

Otra niña, Clara, le preguntó al pontífice cómo era su barrio en el que vivía de pequeño. “¡Yo vivía en la ciudad más bella del mundo!: Buenos Aires, en el barrio de Flores, que es uno de los más viejos de la ciudad”, respondió el Papa.

“Es un barrio popular, no había edificios altos, todas las casas eran bajas. En aquel tiempo había muy pocos edificios altos. A 30 metros de casa había una plaza bellísima donde jugábamos al fútbol”.

Por último, Eiman, le preguntó cuáles eran sus juegos favoritos de niño. Francisco contestó que “jugábamos mucho con los barriletes y hacíamos un campeonato que ganaba el que fuera capaz de volar más alto el barrilete. También nos gustaba mucho el fútbol. En carnavales nos disfrazábamos. Cada uno se disfrazaba como quería e íbamos por la calle cantando y llamando a las casas para pedir algo con los que comprar chocolates”.

Finalmente, antes de despedirse de los niños, el Santo Padre agradeció algunos regalos que le hicieron los niños: “Gracias por las preguntas y por los regalos que me hicieron. Es algo maravilloso porque no fueron a comprar algo para traer, sino que lo hicieron ustedes”.

“Esto es importante porque lo fueron hecho con inteligencia, con las manos, pero también con el corazón. Cuando algo se hace con las tres cosas, con inteligencia, con el corazón y con las manos, es algo profundo y humano”.

El Tren de los Niños, un tren de alta velocidad de Trenitalia, llegó al Vaticano con los 500 niños procedentes de cuatro escuelas de barrios periféricos de Milán y Roma.

Se trata de una iniciativa promovida por el Pontificio Consejo de la Cultura junto con Trenitalia que en esta sexta edición ha llevado hasta el Vaticano a niños católicos, pero también ortodoxos, musulmanes, budistas o ateos. +

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