Mons. Buenanueva: “Una palabra que toca la vida”

San Francisco (Córdoba) (AICA): En una nueva entrega de su columna semanal en el periódico “La Voz de San Justo”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó sobre Jesús como “palabra viva, que realmente acontece, es decir, se abre paso desde la realidad y busca la verdad en medio de las situaciones complejas y difíciles de la vida”.
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió una vez más sus reflexiones sobre el Evangelio. Con el título “Una palabra que toca la vida”, se refirió a los “remedios para situaciones que desbordan”.

En ese sentido, enumeró: “ansiedad, inquietud, disconformidad, desorientación”, y reconoció que la Argentina es “un país que parece atrapado en un intrincado laberinto del que resulta difícil salir”.

“Se percibe un difuso malestar que atraviesa a toda la sociedad. En diversa medida, nos afecta a todos. Si me permiten la confidencia: esa ansiedad la descubro en mí mismo, en el modo como muchas veces termino mi jornada o encaro una nueva con sus riesgos, incertidumbres e interrogantes”, aseguró.

Al respecto, señaló: “Encuentro un haz de luz en el Evangelio de este domingo: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato”.

“En los ojos de Jesús se refleja la mirada de Aquel que, al ir concluyendo cada día de su creación, especialmente después de crear al hombre a su propia imagen, ‘miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno’. No la mirada inquisidora del juez implacable que busca culpabilizar y aterrorizar, sino la del Dios samaritano que no puede pasar indiferente ante el sufrimiento”, destacó.

El prelado se detuvo luego en la expresión: ‘Como ovejas sin pastor’: “Gente que va y viene, no sabe qué camino tomar; busca a Jesús porque algo ha encontrado en Él que le da confianza”, expresó.

“La respuesta de Jesús es clara: pone el cuerpo, se detiene y se involucra, ofreciendo su palabra liberadora. Se trata de un contacto vivo, ni planificado ni artificial. Y, de ahí, surge lo nuevo: Jesús se puso a enseñar, y lo hizo largamente. Él se siente provocado a buscar en sí mismo una palabra para iluminar ese momento. Sabe que, como a los viejos profetas, se le ha confiado una palabra que lo quema por dentro. Viene del corazón de su Padre y es para el mundo, especialmente para los que no encuentran rumbo. Es más: esa Palabra es Él mismo, en persona”, sostuvo.

En ese sentido, y “aunque el Evangelio no nos dice qué estuvo enseñando Jesús”, indicó, “no necesitamos especular demasiado. Sabemos de sobra de qué se trata: anunciar, de todas las formas posibles, que Dios es Padre, especialmente cercano a los pobres y pecadores; que quiere que este mundo injusto cambie radicalmente, y que nos hace a través de su Hijo una propuesta de vida buena, capaz de atravesar el intimidante umbral de la muerte”.

“Se trata de una palabra viva, que realmente acontece, es decir, se abre paso desde la realidad y busca la verdad en medio de las situaciones complejas y difíciles de la vida. No es un relato, con sus tópicos archisabidos, que se repite como un mantra impersonal. Jesús es realmente un maestro de la comunicación: al decir se dice a sí mismo, poniendo en palabras su propia vida de Hijo amado del Padre. Por eso, toca y convierte los corazones, expulsa los demonios y devuelve humanidad a quien la ha extraviado”, consideró el prelado.

“Jesús no es un ansiolítico. La salvación que nos ofrece no se identifica, sin más, con una serenidad psicológica. Pero no estaríamos tan desacertados si afirmáramos, como hacían los primeros cristianos, que él es médico y medicina. En definitiva, él mismo dijo de sí y de su obra: ‘No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores’”, concluyó.+

Let's block ads! (Why?)

0 comentarios agregados