Puerto Iguazú (Misiones) (AICA): El obispo de Puerto Iguazú, Mons. Marcelo Raúl Martorell, efectuó unas reflexiones a propósito del Evangelio del último domingo, en el que se presenta el episodio de la multiplicación de cinco panes y dos peces con los que Jesús alimentó a una multitud de 5.000 hombres que lo seguía para escuchar su palabra.
El obispo de Puerto Iguazú, en la provincia de Misiones, monseñor Marcelo Raúl Martorell, efectuó unas reflexiones a propósito del Evangelio del último domingo, en el que se presenta el episodio de la multiplicación de cinco panes y dos peces con los que Jesús alimentó a una multitud de 5.000 hombres que lo seguía para escuchar su palabra.

“El tema central de la liturgia de este domingo -señaló el prelado misionero- es el de Dios Providente. Jesús provee al hambre de la gente que lo sigue para escuchar su palabra. Con cinco panes y dos peces sació el hambre de cinco mil y quedaron doce canastas de sobras. El evangelista hace notar este hecho para mostrar que Dios da y de sobra, que el Señor no es avaro en proveer a las necesidades de sus hijos”.

Además, “el Señor que puede hacer cualquier cosa de la nada, se sirve de los panes presentados por la generosidad de alguien. Y es que precisamente, Dios no quiere hacer en la tierra las cosas sin el concurso del hombre.

Seguidamente monseñor Martorell reflexionó: “Muchas veces nos preguntamos: si Dios todo lo puede… ¿por qué hay tanta hambre en el mundo, gente que no tiene qué comer y algunos que mueren de hambre y desnutrición? ¿No será que entre tantos que tienen mucho y nadan en la abundancia de bienes, no hay alguno que ofrezca un poco de lo suyo para que Dios remedie el mal de muchos? Dios quiere que el hombre aprenda a vivir con la conciencia de que es necesario compartir entre los hermanos, al menos lo superfluo para él. Pero nosotros podemos ver que los hombres nos cerramos en el egoísmo y algunos en la acumulación de bienes sin tener presente a Dios y por ende a los hermanos.

“Dios nos está llamando siempre a las obras buenas en favor de nuestro prójimo. Tener siempre presente las necesidades ajenas nos obliga a hacernos partícipes de la vida de nuestros hermanos, no sólo con palabras buenas, sino con obras concretas en orden al bien”, comentó el obispo.

Finalmente monseñor Martorell expresó que el milagro de Jesús es figura de un milagro mucho más grande y significativo: el milagro de la Eucaristía. No es casualidad que los gestos y palabras de Jesús en esta ocasión sean semejantes a los gestos y palabras de la institución de la Eucaristía: “tomó los panes, dio la acción de gracias y los repartió”. Luego de haber saciado el hambre del cuerpo, Jesús proveerá de una forma maravillosa a curar el hambre del espíritu. Alimentados de un único pan, el Cuerpo de Cristo, los fieles formamos un solo cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo. Si somos uno en Cristo esta realidad debe manifestarse en la vida cotidiana. Por eso, caridad y solidaridad entre los hermanos, ese es el mandato del amor de Cristo Jesús”.+

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