Buenos Aires (AICA): “Queremos ser el rostro joven de la Iglesia que no calla el anuncio de la defensa de la vida pero tampoco expulsa ni aleja a los jóvenes, porque en ese encuentro, Dios habita. Invitamos a todos a la comunión: creemos en el Dios que ama a los jóvenes. Sus vidas, cada vida, nuestra tierra sagrada”, subrayó la Vicaría de Jóvenes de la arquidiócesis de Buenos Aires en un comunicado frente al debate por el aborto legal.
El Equipo de Pastoral de Juventud de la arquidiócesis de Buenos Aires consideró que, pese a las diferencias y contradicciones que hay entre los jóvenes que están a contra y a favor del aborto, “cada uno desde su perspectiva, quiere defender la vida frágil”.

Ante el debate en el Senado sobre el aborto libre, la Vicaría de Jóvenes se manifestó conmovida por “la vida de las mujeres jóvenes que sufren las consecuencias de la injusticia y la desigualdad” y por “cada ser humano que es llamado a la vida”, sin olvidarse de la defensa de la vida “una vez que ésta salió del seno materno”, porque “vale toda vida”.

“Queremos ser el rostro joven de la Iglesia que no calla el anuncio de la defensa de la vida pero tampoco expulsa ni aleja a los jóvenes, porque en ese encuentro, Dios habita. Invitamos a todos a la comunión: creemos en el Dios que ama a los jóvenes. Sus vidas, cada vida, nuestra tierra sagrada”, concluyó.

Texto del comunicado
Queridas y queridos jóvenes de Buenos Aires:
Estas palabras nacen con el afecto que se tienen los hermanos. La Vicaría no es “de algunos jóvenes”: quiere acompañar a todas y todos los jóvenes que caminan nuestra ciudad con y desde sus realidades. Nos invitamos a una escucha atenta a todas y todos los jóvenes: una escucha sincera. Escuchar en este tiempo donde el gobierno, los medios, los partidos políticos, los movimientos sociales, (e incluso muchas veces nosotros), parecen interpretar lo que las y los jóvenes quieren: ¿quiénes lo hacen desde el corazón y no desde un interés para usarlos? Nos preguntamos con profundo sentir: ¿Qué buscan los jóvenes? Como creyentes, sabemos que el buen Dios habita en nuestro corazón, comprometido y buscador, porque es un Dios que nos ama con corazón joven.

La escucha implica abrazar las contradicciones y las diferencias que existen entre nosotros: hay jóvenes que están en contra de la legalización del aborto y jóvenes que luchan por legalizarlo, la Iglesia es madre de todos y recibe a todos. Aunque parezcan irreconciliables, estas posturas nacen de la búsqueda de un mundo mejor, de la conmoción por la realidad de los demás. Entendemos que cada uno desde su perspectiva, quiere defender la vida frágil. Queremos invitarlos a velar por la comunión.

Nos conmueve especialmente la vida de las mujeres jóvenes que sufren las consecuencias de la injusticia y la desigualdad; contemplamos conmovidos la vida de aquellas mujeres vulnerables que se ven arrojadas a decisiones difíciles y que acaban sufriendo una condena social injusta. Nos debemos una fuerte reflexión -y acción- sobre su rol en la Iglesia y el acompañamiento que necesitan, su lugar ha sido clave en la vida de Jesús y Él mismo las eligió como primeras testigos de la Resurrección, necesitamos escuchar su testimonio.

Nos conmueve cada ser humano que es llamado a la vida; cada frágil latido que comienza a gestarse desde el vientre materno, y no nos olvidamos de la defensa de la vida una vez que ésta salió del seno materno: vale toda vida. Queremos seguir defendiendo la vida amenazada de las pibas y pibes que por ejemplo, son víctimas de la pobreza, el narcotráfico o la violencia física, moral, social.

Somos conscientes de que hemos estado desatentos al clamor de la vida de los jóvenes en cuestiones centrales como lo es la educación sexual integral, (educación en el amor) y estamos dispuestos a revertir esta realidad.

La “grieta de pañuelos” no es casual ni ingenua, viene en un momento particular de nuestro país, en el que la agenda mediática y política es manejada desde ocultos sectores interesados. Esta confrontación tiene la clara intención de dividir y tentar a aquellos que quieren comprometerse con la causa de la justicia, que para nosotros es el Reino de Dios.

Sólo encontrándonos con cada joven, reconoceremos los signos del Reino. Cuando nuestras opciones y acciones pastorales respondan sólo a estructuras y discursos construidos desde una mirada adulto-céntrica, nos perderemos el regalo que Dios nos hace en las inquietudes y búsquedas de los jóvenes. Queremos ser el rostro joven de la Iglesia que no calla el anuncio de la defensa de la vida pero tampoco expulsa ni aleja a las y los jóvenes, porque en ese encuentro, Dios habita. Nos invitamos a todas y todos a la comunión: creemos en el Dios que ama a las y los jóvenes. Sus vidas, cada vida, nuestra Tierra Sagrada.+

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