Mons. Buenanueva: Señor, ¿A quién iremos?

San Francisco (Córdoba) (AICA): En una nueva entrega de su columna semanal en el periódico la Voz de San Justo, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, se refirió al pasaje del Evangelio que expresa: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”.
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió una vez más sus reflexiones en el periódico La Voz de San Justo. En esta oportunidad, su columna hace hincapié en la confesión de Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”, con la que concluye el capítulo sexto del Evangelio según San Juan.

“Ha sido un camino fascinante, aunque también fatigoso. Ha sido bueno dejarse llevar por las palabras de Jesús, experimentando el vértigo de percibir su pretensión sobre nosotros y nuestras vidas. Pero a esa vorágine nos lleva la fe”, afirma el obispo.

“Escuchar las palabras de Jesús es sentir que nuestra libertad queda desafiada en su raíz más profunda: ¿Qué estás haciendo de tu vida? ¿Hacia dónde estás caminando? ¿Cuáles son tus búsquedas, tus deseos y tus inquietudes más hondas? ¿Valen realmente la pena? ¿Le dan autenticidad a tu vida? ¿Te hacen más humano?”, enumera el prelado.

“Cada uno hace ese camino. Es un camino personal, pero no en solitario. El que cree nunca está solo”, aseguró. “Es un camino compartido: antes de mí, otros lo han transitado ya. Ahora mismo, tengo a mi lado muchos compañeros de aventura. Nos miramos, nos ayudamos a caminar, nos animamos cuando la fatiga, el desencanto o el desaliento parecen poder con nosotros”, reconoce.

“Pero hay un momento en que la mirada y la palabra del Señor se fijan en mí y, poniendo en crisis todo lo que pienso, siento y programo, me desafían a tomar una decisión”, añade.

“Este domingo, un compañero de camino – Simón Pedro – comparte con nosotros ese momento álgido de su vida. Y comparte también con nosotros sus palabras”, detalla, y anima: “Escuchémoslo y, sin falsos pudores ni vergüenza, hagamos nuestra su audacia. Sus palabras son sinceras, francas y diáfanas: ‘Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios’”, concluye.+

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